Un campo de datos global: cuando los datos se convierten en conocimiento

Clables

Albert Einstein dijo una vez: «La información no es conocimiento». Si bien es verdad que hay más información al alcance de nuestros dedos de la que jamás se podría imaginar, a Einstein no le faltaba razón, porque separar el grano de la paja se presenta cada vez más complicado. Sólo el 5% de la información que se crea está «estructurada», es decir, se encuentra en un formato estándar de palabras o números interpretables por ordenadores. Lo demás son fotos y llamadas de teléfono que, en teoría, son más difíciles de recuperar y utilizar. Esto está cambiando con el etiquetado de fotos y el reconocimiento facial y de voz, que permite identificar personas y palabras on-line13. La pregunta es, ¿cuánta información hay ahí fuera?

El año pasado, el universo digital alcanzó los 800.000 petabytes (recordemos que un petabyte es un millón de gigabytes). Este año llegará a los 1,2 millones de petabytes o 1,2 zettabytes. En otras palabras, si se mantiene este ritmo, para el año 2020 el universo digital será cuarenta y cuatro veces más grande que en el año 2009.

Esta cantidad desmesurada de información está empezando a transformar la forma de hacer negocios, la organización en el sector público y el día a día de millones de personas. La empresa estadounidense Walmart, por ejemplo, maneja más de un millón de transacciones... a la hora. El Internet de las Cosas implica que todo objeto puede ser una fuente de datos y que el «comportamiento» de todo puede ser monitorizado a través del tiempo y el espacio. Por ello, el mundo va a estar repleto de información nueva a nuestro alcance. Ante esta cantidad creciente de información, no es de extrañar que empresas y emprendedores se encuentren en una carrera por innovar en términos de almacenamiento, velocidad, acceso y métodos de análisis de datos. Al igual que en la economía agrícola los factores productivos eran la tierra y la mano de obra, y el capital y los trabajadores lo eran en la industrial, la información se ha convertido en el factor productivo del siglo XXI.

El reto de cubrir esta necesidad creciente de gestionar la información resulta palpable en muchas iniciativas empresariales. Una de ellas es responder a la miniaturización de la tecnología, es decir, la tendencia a desarrollar sistemas y dispositivos cada vez más pequeños, ya que el espacio físico se agota. Desafiando la Ley de Moore, Hewlett Packard ha anunciado la creación de un dispositivo llamado memristor (del inglés memory resistor, resistente de memoria) que lleva el tamaño de un chip a escala atómica sin necesidad de corriente eléctrica.

El almacenamiento de toda la información que fluye en Internet también es un negocio. Los expertos del Future Trends Forums aseguran que el negocio de los centros de datos como «hoteles» de los ordenadores en Internet está creciendo de manera exponencial. Es «temporada alta» para la información. Se dice que Google tiene más de treinta centros de datos, que equivalen a más de un millón de servidores. Para alcanzar el despliegue global de Google, Microsoft está invirtiendo miles de millones de dólares en añadir hasta 20.000 servidores al mes16. Diversos factores, como el inmenso calor que desprenden y el consumo de energía que requieren, han obligado a situar estos centros de datos en los lugares más remotos del mundo. Se espera que en el año 2020, el consumo de estos centros equivalga al consumo actual de electricidad de Alemania, Canadá y Brasil juntos17.Muchas empresas se han visto beneficiadas por el servicio de almacenamiento que ofrece Google. La virtualización o cloud computing18 permite que estas empresas aprovechen el mayor espacio y capacidad de procesamiento que ofrecen los centros de datos. De esta manera, no tienen que invertir en los costes fijos de implementar y mantener sus propias infraestructuras técnicas, sino que pagan una cuota mensual como si se tratara de cualquier otro suministro. Más adelante se verá cómo la disponibilidad de ancho de banda y direcciones IP en una Red que comienza a  estar saturada se están convirtiendo en consideraciones de máxima prioridad.

Otra tendencia muy en boga son los metadatos, literalmente «datos de los datos» o «información acerca de la información». Imaginemos una lata que no hace falta abrir para saber lo que contiene, sino que basta con leer la etiqueta exterior. Se trata de una buena manera de controlar cómo los motores de búsqueda indexan los sitios web. En general, cualquier servicio que filtre u organice una vasta cantidad de información promete en el entorno actual, en el que la toma de decisiones se produce en cuestión de segundos y las empresas pagan altos precios por la posibilidad de hacerlo. Se espera que el mercado de programas para el análisis de datos crezca más de un 30% en menos de cuatro años, hasta alcanzar un total de 34.000 millones de dólares.

Nuestros expertos también están inmersos en el planteamiento de los algoritmos que den respuesta a un mundo ubicuo. La programación de los objetos para dotarlos de la habilidad de «comunicarse» resulta complicada, sobre todo teniendo en cuenta que deben interactuar con sistemas cada vez más diversos y autónomos. Gran parte del valor económico se centrará en los algoritmos que permitan la comunicación machine to machine y el desarrollo de servicios de software. UbiComp Grand Challenge es una iniciativa creada por las universidades de Nottingham, Oxford y Cambridge, entre otras, para fomentar la colaboración y dar respuesta al reto de la computación ubicua. En la medida en que seamos capaces de construir un engranaje central que permita poner en marcha una federación heterogénea de tecnologías de «Internet de las Cosas», se facilitará la interoperabilidad y se evitarán las barreras que lleven a su aceptación a gran escala.

Dada la importancia de procesar toda la información, el almacenamiento y la velocidad de búsqueda no constituyen los únicos retos. La habilidad para analizar mucha información en tiempo real es fundamental para las organizaciones, así como las oportunidades de mercado que puedan surgir para empresas que sean capaces de ofrecer este servicio. Compañías como ThinkAnalytics o Praxis Softek han entendido la importancia de la toma de decisiones en sectores como el comercio minorista. Al fin y al cabo, la rapidez y eficiencia en información son ventajas competitivas de cara a cliente. De esta manera, los datos pueden constituir sabiduría. En los círc ulos técnicos, se habla de la jerarquía DIK (acrónimo en inglés de data, information, knowledge, wisdom). El nivel más básico son los «datos». Al dotar de contexto a un conjunto de datos, se obtiene «información». Esta información sólo será «conocimiento» si se sabe cómo utilizarlo. Por último, la «sabiduría» responde a por qué se está utilizando.

No cabe duda de que las empresas comienzan a invertir en servicios «inteligentes», además de las partidas más habituales de tecnologías de la información. Cada vez recurren más a proveedores externos que ofrecen soluciones potentes basadas en centros de servicios compartidos que permiten a las empresas dedicarse al core de su negocio, dejando a los proveedores actuar como «agregadores» de aplicaciones e infraestructuras.

Una vez establecidas las bases del Internet de las Cosas y tras haber entendido cómo se va a instrumentar un mundo ubicuo donde personas, objetos y máquinas tienen la posibilidad de interactuar traspasando las barreras del tiempo y espacio, a continuación se explorará el estado actual de las tecnologías.

Comentarios:

Cristina Gómez dijo:

06 Oct 08:30

Sin duda el futuro pasa por la gestión del conocimiento, ahora bien, no hay que obviar el cómo se genera, y cuáles son los ambientes propicios para su construcción y sobre todo para su intercambio.

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